Karoline Leavitt rió sarcásticamente y no se olvidó de burlarse de Lia Thomas: ‘Si esta atleta transgénero todavía sueña con participar en los Juegos Olímpicos de 2028 en Los Ángeles como una estrella de la natación femenina, entonces tal vez el Comité Olímpico Mundial debería crear de inmediato un deporte completamente nuevo llamado… natación virtual, donde las vueltas de natación no tienen lugar en agua real, sino que solo existen en su imaginación y sueños irrealistas… La historia completa 👇👇👇

En un mundo donde las fronteras entre el deporte, la identidad y la realidad se difuminan cada vez más, la voz de Karoline Leavitt, ex secretaria de prensa de la Casa Blanca bajo la administración Trump y actual figura prominente en el debate conservador estadounidense, ha vuelto a encender las pasiones. Con una risa sarcástica que resonó en las redes sociales, Leavitt no dudó en lanzar una pulla afilada contra Lia Thomas, la nadadora transgénero que ha sido el epicentro de una de las controversias más acaloradas en el deporte femenino. “Si esta atleta transgénero todavía sueña con participar en los Juegos Olímpicos de 2028 en Los Ángeles como una estrella de la natación femenina”, dijo Leavitt en un tuit que acumuló miles de interacciones en cuestión de horas, “entonces tal vez el Comité Olímpico Internacional debería crear de inmediato un deporte completamente nuevo llamado… natación virtual, donde las vueltas de natación no tienen lugar en agua real, sino que solo existen en su imaginación y sueños irrealistas”. El comentario, cargado de ironía y un toque de crueldad, ha desatado una tormenta de opiniones divididas, reviviendo un debate que parecía haber sido archivado temporalmente por las reglas más estrictas impuestas por las federaciones deportivas.
Para entender el contexto de esta burla, hay que remontarse a 2022, cuando Lia Thomas, nacida como William Thomas, irrumpió en la escena de la natación universitaria estadounidense. Competía previamente en la categoría masculina por la Universidad de Pensilvania, donde sus tiempos eran sólidos pero no destacados. Tras su transición de género, Thomas comenzó a competir en la categoría femenina y, en marzo de ese año, se convirtió en la primera atleta transgénero en ganar un campeonato de la NCAA en los 500 metros libres, superando a rivales como Emma Weyant y Erica Sullivan, medallistas olímpicas en Tokio 2020. Aquel triunfo no fue solo una victoria en la piscina; fue un terremoto. Atletas como Riley Gaines, quien compartió vestuario con Thomas, denunciaron públicamente la injusticia percibida: “No nos dijeron que aún tenía genitales masculinos”, testificó Gaines ante legisladores en Virginia, argumentando que la presencia de Thomas erosionaba la equidad en el deporte femenino. La crítica se extendió rápidamente, con figuras conservadoras como Leavitt amplificando el mensaje. En aquel entonces, Leavitt, entonces candidata al Congreso por Nueva Hampshire, tuiteó: “Esto es infuriantes. ¿Cuándo termina esta tontería, NCAA? ¿Cuántos sueños de mujeres vas a aplastar?”. Su postura era clara: los hombres, independientemente de su identidad de género, no debían competir contra mujeres en deportes de alto rendimiento.

El sarcasmo de Leavitt no surge de la nada. En junio de 2024, el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) desestimó el recurso de Thomas contra World Aquatics, la federación internacional de natación, confirmando su exclusión de las competencias femeninas élite. Las nuevas reglas, implementadas en 2022, exigen que las atletas transgénero que hayan pasado por la pubertad masculina compitan en una categoría abierta o en la masculina, para preservar la “integridad” del deporte femenino. Thomas, de 25 años en ese momento, vio truncados sus sueños olímpicos para París 2024 y, por extensión, para Los Ángeles 2028, salvo un cambio radical en las políticas del Comité Olímpico Internacional (COI). Sin embargo, el COI ha mantenido un enfoque más flexible, delegando en las federaciones individuales, lo que deja la puerta entreabierta a interpretaciones. Es en este limbo donde Leavitt ve una oportunidad para mofarse. Su propuesta de “natación virtual” no es solo una chanza; es un eco de las demandas conservadoras por segregación estricta basada en el sexo biológico al nacer. “Los sueños irrealistas no deben interferir con la realidad de las verdaderas atletas femeninas”, añadió Leavitt en una entrevista posterior, defendiendo su postura como una defensa de la equidad.
La reacción no se hizo esperar. En las redes, el tuit de Leavitt acumuló más de 50.000 likes en las primeras 24 horas, con conservadores celebrando su “valentía” y memes proliferando sobre piscinas imaginarias y medallas etéreas. Figuras como Jimmy Failla, presentador de Fox News, se unieron al coro: “Lia Thomas solo luchará contra la contracción en la piscina ahora”, bromeó, aludiendo a las bromas sobre la transición hormonal. Por el otro lado, activistas LGBTQ+ y defensores de la inclusión deportiva condenaron el comentario como transfóbico y cruel. Caitlyn Jenner, ella misma una ex atleta transgénero y aliada conservadora en temas de deporte, ha sido más matizada en el pasado, pero en esta ocasión guardó silencio, mientras que organizaciones como GLAAD emitieron declaraciones recordando que “la transición no busca ventajas, sino autenticidad”. Thomas, por su parte, ha sido escueta en respuestas públicas desde su derrota legal. En una rara entrevista en 2022, afirmó: “Soy una mujer, y nado para ser feliz, no para dominar”. Pero con su inactividad actual y tiempos que ya no la colocan en el podio élite femenino, sus aspiraciones olímpicas parecen, efectivamente, confinadas a lo hipotético.

Este episodio pone de manifiesto las grietas en el movimiento olímpico ante la inclusión transgénero. Los Juegos de Los Ángeles 2028, con su promesa de innovación y diversidad, se perfilan como un campo de batalla. Mientras el COI debate marcos unificados –un proceso que podría extenderse hasta 2026–, casos como el de Thomas sirven de catalizador. En Estados Unidos, 24 estados han promulgado leyes restringiendo la participación trans en deportes escolares y universitarios, impulsadas por argumentos científicos sobre ventajas puberales: estudios citados por World Aquatics indican que las mujeres trans retienen hasta un 10-12% de ventaja en fuerza y velocidad incluso tras años de terapia hormonal. Críticos como Leavitt usan estos datos para avalar su sarcasmo, mientras que expertos en bioética, como Joanna Harper, advierten que las generalizaciones ignoran variaciones individuales.
En el fondo, la burla de Leavitt trasciende a Thomas. Es un recordatorio de cómo el deporte, ese bastión de logro físico, se ha convertido en proxy para guerras culturales. ¿Debería el COI ceder a la “natación virtual” de Leavitt, o abrazar la complejidad de la identidad humana? Para muchas nadadoras femeninas, como las que protestaron en 2022, la respuesta es clara: la equidad no es negociable. Para Thomas y sus aliados, es una cuestión de dignidad. Mientras Los Ángeles se prepara para 2028, con sus piscinas relucientes bajo el sol californiano, el eco de esa risa sarcástica nos recuerda que, en el agua o fuera de ella, las olas de controversia no cesan. La historia completa, como dice Leavitt, está por escribirse –pero con reglas reales, no imaginarias.
