En las últimas semanas, la intersección entre el deporte de élite, la identidad de género y los comentarios en redes sociales ha generado una nueva polémica global. En el centro de la controversia se encuentra la boxeadora argelina Imane Khelif, medallista de oro en los Juegos Olímpicos de París 2024 en la categoría de boxeo femenino de 66 kg, cuya victoria y trayectoria han desatado un intenso debate público. Dos de las voces más prominentes en esta discusión son el magnate tecnológico y propietario de redes sociales Elon Musk y la autora de bestsellers J.K. Rowling, quienes han criticado públicamente la participación de Khelif en el deporte femenino, planteando la cuestión más amplia: ¿deberían prohibirse las competiciones femeninas a las atletas transgénero o con identidades de género diversas debido a la supuesta “injusticia para las mujeres”?

La medalla de oro de Khelif en los Juegos de 2024 se produjo en medio de una intensa polémica. Derrotó a la italiana Angela Carini en octavos de final en tan solo 46 segundos, un resultado que inmediatamente desató un debate sobre su fuerza física, su elegibilidad como mujer y la imparcialidad del boxeo femenino en general.
En marzo de 2023, Khelif y la taiwanesa Lin Yu-Ting fueron descalificadas del Campeonato Mundial Femenino de Boxeo por la Asociación Internacional de Boxeo (IBA) tras alegar la IBA que no habían superado las pruebas de elegibilidad por razón de género. Sin embargo, antes de los Juegos Olímpicos de París, el Comité Olímpico Internacional (COI) declaró que ambas atletas eran elegibles: «nacidas mujeres, criadas como mujeres, compitiendo como mujeres, con pasaporte femenino», según el comunicado del COI.

Sin embargo, a pesar de ese fallo, Khelif fue objeto de una campaña de acusaciones en redes sociales y prensa, incluyendo rumores falsos de que se identificaba como transgénero o que tenía un cromosoma masculino (XY). Una investigación de julio de 2024 realizada por medios franceses describió cómo se había convertido en blanco de una campaña de desinformación.
En ese contexto se sumaron J.K. Rowling y Elon Musk, quienes avivaron la polémica. The Guardian informó que la denuncia por ciberacoso que Khelif presentó en agosto de 2024 en Francia incluía a Rowling y Musk entre las figuras públicas cuyos comentarios supuestamente alimentaron el acoso.
Rowling publicó una foto en X (antes Twitter) del combate de Khelif y lo acusó de ser “un hombre golpeando a una mujer”. “La idea de que quienes se oponen a que un hombre golpee a una mujer en nombre del deporte lo hagan porque creen que Khelif es ‘trans’ es ridícula”, escribió Rowling. Musk compartió una declaración de la nadadora universitaria estadounidense Riley Gaines que decía: “Los hombres no pertenecen a los deportes femeninos”, y añadió simplemente: “Totalmente de acuerdo”.
Su intervención consolidó la idea de que esto no era simplemente una disputa deportiva específica, sino un campo de batalla cultural sobre la inclusión de personas transgénero en el deporte femenino. Rowling y Musk, ambos muy activos en los últimos años en temas de identidad de género, prestaron su enorme influencia al mensaje de que permitir la participación de atletas (según su percepción) transgénero o de género no binario en las divisiones femeninas es injusto para las mujeres cisgénero.

En el fondo del asunto subyace una serie de afirmaciones: que Khelif fue vetada (o debería ser vetada) de las competiciones femeninas porque supuestamente es transgénero o biológicamente masculina; que su continua participación perjudica la equidad y la integridad del deporte femenino; y que figuras influyentes como Musk y Rowling estaban justificadas al pronunciarse al respecto.
Primero: ¿estaba Khelif suspendida? De hecho, a pesar de la descalificación de la IBA para 2023, el COI la habilitó para los Juegos de 2024; actualmente no existe ninguna fuente creíble que indique que esté vetada de los próximos Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. De hecho, ella misma ha afirmado públicamente su intención de defender su título en 2028.
Segundo: ¿es transgénero o biológicamente hombre? La información pública disponible indica que nació mujer, tiene pasaporte femenino y ha competido en boxeo femenino durante años. El COI reafirmó su elegibilidad. Las alegaciones de la IBA sobre el supuesto fallo en la prueba de cromosomas XY no han sido verificadas públicamente, y la atleta y su federación nacional niegan las acusaciones.
En tercer lugar: ¿son responsables o justificados los comentarios de Musk y Rowling? Depende del punto de vista. Quienes apoyan su postura argumentan que las atletas merecen una categoría protegida, que las ventajas fisiológicas son importantes y que la equidad del deporte femenino está en riesgo. Sus detractores afirman que dichos comentarios fomentan el acoso, la discriminación por género y el ciberacoso contra una atleta que ya ha sido exonerada por el COI. De hecho, Khelif presentó una denuncia por ciberacoso agravado contra Musk y Rowling.

El caso Khelif sirve como pararrayos para múltiples tensiones:
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Equidad deportiva frente a inclusión : El debate entre proteger el deporte femenino de posibles ventajas injustas y promover la inclusión de aquellos cuya identidad de género o fisiología difiere del binarismo tradicional.
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Medios de comunicación, redes sociales y difamación moderna : Tras la rápida finalización del partido de Khelif, la especulación se desató en internet en cuestión de horas, y figuras influyentes moldearon la narrativa. El COI describió la reacción negativa como parte de una «guerra cultural con motivaciones políticas».
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Gobernanza y credibilidad : La IBA descalificó a Khelif en 2023 sin total transparencia; el COI luego la exoneró, lo que generó dudas sobre la coherencia regulatoria y la equidad en las normas de elegibilidad de género.
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Impacto reputacional y personal
Khelif dijo sobre el acoso en línea: “Puede destruir a las personas, puede matar sus pensamientos, su espíritu y su mente”.
Aunque las afirmaciones de que los Juegos Olímpicos de Verano de 2028 en Los Ángeles prohibirán la participación de Khelif (o de atletas transgénero en general) parecen infundadas, la batalla más amplia por la inclusión de personas transgénero en el deporte femenino sigue cobrando fuerza. En Estados Unidos, por ejemplo, la financiación del deporte escolar y las políticas federales se han alineado con las peticiones de excluir de las categorías femeninas a las atletas asignadas como hombres al nacer.
Si Khelif regresa al ring en 2028, lo hará bajo una mayor atención mundial. La pregunta sigue en pie: ¿implementarán los organismos rectores del deporte criterios de elegibilidad por sexo más estrictos? ¿Se pronunciarán más figuras influyentes en plataformas públicas como X? ¿Sentirán las atletas que su categoría está siendo protegida o amenazada?

La participación de Elon Musk y J.K. Rowling en la polémica de Imane Khelif pone de manifiesto que esta historia va más allá del boxeo. Trata sobre cómo la sociedad define la feminidad, cómo el deporte define la justicia y cómo el discurso público se ve influenciado por voces con millones de seguidores.
Sus críticas —«Hay que prohibir la participación de personas transgénero en deportes femeninos porque es injusto para las mujeres de verdad», como decía una publicación— reflejan una postura en un debate polémico. Pero atletas como Khelif, absuelta por el COI pero atacada en una tormenta en redes sociales, plantean otra: el costo humano de quedar atrapada en una guerra cultural.
En definitiva, la pregunta sigue siendo: ¿puede el deporte mantener la equidad, respetar la identidad de género y proteger a sus competidoras de cualquier daño? Cómo se logre ese equilibrio determinará el futuro del deporte femenino y, quizás, la reputación de quienes se atrevan a alzar la voz al respecto.
